Vivimos
en un mundo en el que se lleva el sexo antes de la primera cita… y si va bien,
pues ya quedamos si eso. Y aunque vaya bien, el 90% de las veces no vuelves a
saber del otro.
Vivimos
en un mundo en el que nos fijamos más en el físico que en la química, y así nos
va. En el que hay ojos mojados y bragas secas. Corazones cerrados al amor y
piernas abiertas a completos idiotas.
Vivimos
en un mundo en el que la mayoría prefiere presumir de con cuánt@s ti@s se ha
acostado, antes que preferir despertarse siempre con la misma persona.
Vivimos
en un mundo en el que le regalamos los oídos y los orgasmos, al primer tío mono
que se nos acerca sin querer mirar más allá, y así nos va. Nos despertamos al
día siguiente queriendo salir corriendo de esa cama en la que has vuelto a
perder las bragas y la dignidad. Y dices que no volverás a hacerlo. Que no
volverás a caer en trampas de una noche. Pero lo haces. Una y otra vez. Porque
el ser humano es estúpido por naturaleza. No hace falta que le eches la culpa a
lo necesitada que estás. A estas alturas de la vida, ya no cuela. Hace mucho
que nos conocemos.
Hace
unos días, estaba hablando con un amigo, cuando me dijo:
-A mí las tías no me quieren más que para un
rato.
-Pues como a mí. ¿O qué te piensas que nos
pasa a los demás?
-Debe de ser lo que se lleva ahora. El tiempo
que nos ha tocado vivir.
Pues
sí. Vivimos en el mundo que nosotros mismos hemos construido. De sonrisas
falsas y corazones solitarios. Así que ahora no te vayas quejando de que nadie te
quiere, porque nosotros solitos hemos sido los que nos hemos encargado de destrozar
las relaciones. De no llegar la mayoría de las veces, a esa primera cita…

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