Eso
es lo que somos. Simples amantes pasajeros. Pero el amante… Es ÉL. Y cuando lo
veo no tengo miedo a nada. Sólo a una cosa: no volver a verlo. Y es que es
imprevisible y nunca sé si esa vez va a ser la última. Si nos volveremos a ver
o nos volveremos a encontrar por casualidad. Sólo sé que quiero verlo cada día
de mi vida.
A
lo diferentes que somos hay que añadir un gran obstáculo que hay en medio y que
siempre va a estar ahí. Eso hace muy difícil que las cosas vayan a salir bien.
Pero quien no arriesga no gana y yo estoy dispuesta a arriesgar todo aunque eso
me haga perder un amigo. Tiraré de amigos comunes, de celestinas, de bombas
nucleares si hace falta, pero no me voy a quedar de brazos cruzados. Las dudas
no están hechas para mí.
Cuando
estamos en sitios públicos, nunca nadie me había mirado durante tantas horas
seguidas como ÉL. Ya no sé si lo hace por inercia, por tenerme vigilada o
porque tampoco quiere dejar de verme ni un minuto. No lo sé y no creo que lo
sepa nunca. La timidez le puede. En eso no nos parecemos en nada. Pero no voy a
ser yo quien hable esta vez. No quiero cagarla y que salga corriendo. No tan
pronto. Quiero disfrutarlo un poquito más.
Las
malas lenguas me dicen que los polos opuestos se atraen y que esto va a salir
bien. Sólo ÉL tiene la respuesta. Para eso tiene que quitarse la timidez que le
pesa encima. Pasar de lo que digan o piensen los demás y centrarse en ser
feliz. Disfrutar de la vida. De nuestras miradas. De mis cosquillas y tu risa
tonta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario